Otea rechaza de plano la Tasa Turística presentada por el gobierno: es un impuesto innecesario que penaliza el alojamiento reglado
• La patronal denuncia la «arbitrariedad» de una medida aprobada por urgencias políticas y sin un informe técnico que evalúe su impacto en el empleo y la rentabilidad empresarial.
• El turismo ya aporta 500 millones anuales en impuestos, por lo que OTEA denuncia una duplicidad fiscal encubierta.
• La asociación advierte que la «voluntariedad municipal» provocará desorganización territorial y agravios comparativos.
Oviedo, 29 de mayo de 2026. OTEA, Hostelería y Turismo en Asturias, muestra nuevamente su más absoluto rechazo al proyecto de tasa turística presentado esta mañana por el Gobierno del Principado de Asturias. Consideramos que este nuevo impuesto actúa como una barrera fiscal en una comunidad que apenas supera el 50% de ocupación y que todavía arrastra un déficit histórico y crónico en sus comunicaciones e infraestructuras. Asturias dista mucho de sufrir la sobresaturación de otros destinos; aquí no sobran turistas, sino que falta una gestión eficiente de los recursos que ya se recaudan a través de los impuestos ordinarios.
Consideramos que hay una desconexión total entre el discurso oficial y el diseño de la tasa, que carece de indicadores de sostenibilidad o compromisos vinculantes de inversión. Los servicios esgrimidos para justificarla (limpieza, seguridad o mantenimiento) ya se financian con los presupuestos ordinarios. No podemos olvidar que el turismo no es ninguna carga, sino que ya aporta cerca de 500 millones de euros anuales en ingresos fiscales a nuestra comunidad, de los cuales 53 millones se recaudan directamente en las arcas de los propios ayuntamientos.
El visitante ya paga de sobra los servicios que utiliza; pretender ahora un «extra» bajo el eufemismo de la mejora de servicios supone una duplicidad fiscal injustificada en un territorio que ya soporta una notable presión impositiva del 37,9% de su PIB regional.
Asimismo, advertimos que el modelo de voluntariedad propuesto por el Gobierno región para su aplicación generará fronteras fiscales artificiales e incertidumbre. Crear diferencias de precios entre municipios limítrofes desviará a los viajeros más sensibles al coste hacia otros destinos.
Además, el proyecto nos convierte a los empresarios en recaudadores forzosos de la Administración, incrementando sustancialmente nuestras cargas administrativas y obligándonos a asumir los costes de adaptación informática sin recibir ninguna contraprestación. Todo esto ocurre mientras la hostelería y el turismo asturiano están realizando un gran esfuerzo titánico por profesionalizarse y atraer un perfil de visitantes de calidad.
¿Con qué autoridad moral se le pide un «extra» al turista cuando seguimos castigándole con uno de los peajes más caros de España por la autopista del Huerna, o cuando disponemos de un tren de alta velocidad mermado perpetuamente por obras y retrasos que nos condena a ofrecer conexiones de segunda? Cobrar un impuesto por visitar una comunidad a la que ya es caro y difícil llegar es una desconexión total con la realidad del mercado.
Conceptualmente, el turismo es la principal fuerza exportadora de Asturias y, mientras que en cualquier otro sector económico se protesta enérgicamente contra la imposición de gravámenes exteriores, en el turismo asturiano nos estamos autoimponiendo los aranceles nosotros mismos, segmentando el mercado de forma burda y discriminando socioeconómicamente a las familias de rentas más bajas.
El incremento de los servicios que prestan los ayuntamientos por el turismo no se soluciona cobrando más, sino gestionando mejor. Como alternativas reales, proponemos la redefinición de la financiación local y la inversión a partir de los presupuestos ordinarios.
Esta tasa es innecesaria, contraproducente y perjudicial porque transmite la imagen de una región que, en lugar de una bienvenida a los visitantes, pone un mostrador de cobro en la frontera. Asturias necesita atraer, no expulsar; necesita inversión, no más recaudación.